Reivindicando el petting, sexo sin ‘eso’

Aunque el titular parezca algo enigmático ese ‘eso’ no es ni más ni menos que la ausencia de penetración durante las relaciones sexuales. Es decir, el petting es la denominación a una práctica donde todo está permitido -caricias, besos, masajes, sexo oral, etc.- todo, menos la introducción del pene dentro de la pareja.

Su nombre proviene del inglés ‘pet’ o ‘petting’ que viene a significar justamente eso, acariciar o caricias, y que como práctica se viene utilizando en estos últimos tiempos muy frecuentemente entre adolescentes de todo el mundo, principalmente porque al no existir penetración es falsamente creído que existe menos riesgo de contagio ante enfermedades de transmisión sexual (ETS).

El petting es sexo. Y en el sexo siempre hay un riesgo. Mientras nos acariciamos podemos besarnos, podemos masajearnos, podemos excitarnos hasta el punto de llegar a practicar sexo oral… Y ahí es donde se encuentra el peligro si lo practicamos sin las debidas precauciones (en general asociado a adolescentes con poca información sexual).

Pero el petting no es propiedad de los más jóvenes. El petting es y debería ser de todos. Si bien es cierto que puede ser usado por parejas que tengas sus ‘restricciones’ religiosas o por aquellas que tengan miedo ante otro tipo de concesiones, lo cierto es que nada de eso es lo que nos interesa aquí y ahora. Para nosotros el petting es una ‘nueva modalidad’ donde podemos sacar el máximo partido a nuestras relaciones íntimas y no podemos dejarla pasar por alto.


La imaginación al poder

Lo que parece a simple vista una insípida e insulsa práctica para que los adolescentes restrieguen sus cuerpos en un mero intento por desfogar su apetito sexual sin las consabidas complicaciones como los embarazos no deseados, se puede convertir en todo un reto amatorio durante la edad adulta.

A menudo olvidamos lo importante que es la imaginación en la calidad de nuestras relaciones sexuales. No es lo mismo buscar el orgasmo a través de la penetración sin apenas sobrevolar el cuerpo de la otra persona, que buscar las mil y una formas, maneras y modos de estimular a nuestra pareja antes de la llegada del sobrevalorado ‘mete-saca’ al que estamos tan acostumbrados.

Poniéndonos a prueba, con el petting se pueden descubrir sensaciones que parecen relegadas en detrimento de la rapidez y del hábito. Mediante el uso de nuestras manos, dedos, lengua, boca, cualquier parte de nuestro cuerpo que queramos acariciar, besar, lamer, chupar o rozar, podemos alcanzar niveles de placer que sólo están limitados por nuestras propias murallas amatorias.


El petting para adultos

Llegados a la edad adulta es difícil pensar que las relaciones íntimas no estén basadas, cimentadas y unidas intrínsecamente al momento de la penetración. ¿Cómo es posible alcanzar el máximo placer sólo y exclusivamente mediante el ‘magreo’? Como diría el presidente de los EEUU, ‘sí, se puede’ y bien que se disfruta.

Una vez pasada la adolescencia prestamos demasiada atención al momento de la entrada del pene en la pareja para acabar en un éxtasis que no siempre es tan satisfactorio como lo fue en nuestras expectativas. En muchos casos esto sucede por la carencia o ausencia de juegos previos donde, precisamente, las caricias han dejado de ser parte importante de la diversión.

Con sólo abrir un resquicio de nuestra mente, con el petting podemos tener a mano un maravilloso afrodisíaco para la pareja donde, sólo por el hecho de eliminar el momento de la penetración del tablero, vamos a centrarnos en sacar el máximo partido de recursos que teníamos olvidados a la vez que aumentamos la excitación y el deseo ante una nueva experiencia sexual.

Mediante el petting podemos explorar el cuerpo de nuestra pareja a la vez que establecemos una comunicación mucho más íntima donde podemos compartir nuestros gustos y señalar qué zonas nos hacen fluir mayor cantidad de placer. De hecho, la masturbación a dos, entre otras, es perfecta para poner en funcionamiento de esta práctica.

Por último señalar que el petting puede ayudarnos en ciertos casos de disfunción sexual. ¿Por qué? Principalmente porque no es una práctica agresiva, sino todo lo contrario. No es necesario conseguir una erección perfecta, ni tampoco importa el tamaño del pene. Además, para las mujeres que sufren vaginismo es ideal porque puede estar relajadas y tranquilas ante la ausencia de penetración. Como vemos, el petting es un gran aliado si le damos una oportunidad.

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