En busca del punto G del hombre: ¿por qué lo llaman G cuando quieren decir P?

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Cuesta trabajo digerir que no todas las relaciones íntimas que despiertan una extraordinaria excitación sexual provienen del miembro masculino. Por su ubicación, muchos hombres se resisten a descubrir qué es eso del punto G y si verdaderamente es tan fantástico como dicen. Pero es que sólo investigando ‘por la puerta trasera’ se puede acceder a ese recodo de placer.

A diferencia de lo que ocurre con el punto G femenino donde hay tantas y tan variadas tesis sobre su existencia y cómo encontrarlo, el masculino es mucho más fácil de detectar y localizar. Basta saber que un hombre tiene próstata, el principal implicado en este escenario, para confirmar la presencia de este extraordinario punto.

El erróneamente denominado punto G del hombre – en realidad debería pasar a llamarse P por su relación con la próstata- es fácilmente localizable. Se puede acceder a él introduciendo el dedo a través del ano bien inspeccionando uno mismo o con la ayuda de la pareja. La mayoría de hombres que experimentan estímulo en este punto obtienen placer en su más alta definición, pero también existe un pequeño porcentaje que no lo considera tan agradable.

Sin embargo, y al contrario de lo que pudiera parecer, saber que no todos reciben la misma respuesta favorable ante el punto G/P no es motivo de desánimo. De hecho, es tan sólo una razón más para descubrir si estamos entre los que tumban la balanza o los que se quedan fuera sin participar de la diversión.


Disfrutar sin pensar en la orientación sexual

Pensar que aquellos que disfrutan con el sexo anal (recibir) están definidos por su orientación sexual es cosa del pasado. Los hombres heterosexuales también tienen derecho a disfrutar de su cuerpo sin las barreras mentales que ha creado la mala reputación sobre el sexo anal.

Decir que es imposible cambiar de orientación sexual por estimular un área por muy dentro del ano que esté, es prácticamente una obviedad. Los hombres vienen todos preparados con una próstata de serie, es decir, han nacido con ella, por lo que vienen dispuestos para el placer sin importar a quién escojan para irse a la cama.

Actualmente, y gracias a la apertura de mente tanto de hombres como de mujeres, practicar sexo anal entre parejas formadas por heterosexuales está muy en boga. Si bien es cierto que puede resultar inquietante al principio, una vez nos adentramos en esta estimulante práctica sexual descubriremos las grandes ventajas de no estar limitados por nuestros propios prejuicios.


La magia de los juguetes eróticos

Para encontrar y disfrutar de la estimulación en esta zona no sólo podemos usar nuestros dedos o los de nuestra pareja sino utilizar mil y un juguetes sexuales preparados para ello. Y cuando decimos ‘preparados’ nos referimos a aparatos eróticos que han sido pensado e ideados precisamente para esta práctica íntima.

Introducir en una zona tan delicada como el ano un instrumento que no sea el apropiado puede acarrearnos más problemas que placer. Los dildos anales, por ejemplo, tienen una forma muy específica que ayudan a alcanzar fácilmente la zona interna donde se encuentra la próstata, nuestro objetivo primordial.

Para disfrutar del punto G masculino también es muy importante el uso de lubricantes que nos ayuden a favorecer el deslizamiento en la zona, sobre todo si estamos usando algún tipo de artilugio. Al igual que ocurre en otras prácticas sexuales y como les suele pasar a muchas mujeres durante las relaciones sexuales vaginales, el uso de geles que humedezcan la zona es tan primordial como necesario.

Por último destacar el uso de preservativos si nos decidimos a buscar el punto G con las manos. Si tenemos suficiente confianza con nuestra pareja y nos van las emociones fuertes, también existen protectores labiales para practicar el famoso ‘beso negro’. No olvidemos que allí donde exista una voluntad por pasárselo bien y siempre de manera consentida, las únicos límites los ponemos nosotros.

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