Cómo vivimos nosotras la eyaculación precoz de ellos

Sobre un mismo tema se pueden ofrecer diferentes puntos de vista. Desde una ruptura de la pareja (él opina una cosa, ella otra) hasta un partido de fútbol (es penalti, o no, no lo es). En definitiva, pareceres opuestos que no por ser diferentes son menos importantes.

En un tema tan espinoso como la eyaculación precoz (EP), donde se han recogido a través de cientos de artículos, discusiones médicas y en foros de internet las causas, el por qué y hasta remedios a cuál más extraordinario, no se ha tenido en cuenta la otra parte, la de la pareja del afectado.

Las mujeres sufren la EP no desde un punto de vista fisiológico, tal y como les ocurre a ellos, sino desde un apartado mucho más profundo e interno que les puede acarrear un estrés psicológico que les impida vivir su sexualidad de una manera natural y sana.

Además del evidente desgaste al no disfrutar durante las relaciones sexuales, la EP lleva al hombre a sufrir un fuerte rechazo ante cualquier encuentro que tenga una finalidad sexual, dejando cada vez más de lado sus propios deseos y por extensión los de su pareja.

Es en este punto cuando la falta de comunicación -la mayoría de hombres prefieren no compartir su problema- y la abstinencia forzada sacuden los cimientos de las mujeres. El cariño y la comprensión ante el sufrimiento que ellos padecen se transforma en ansiedad y tensión, llegando a tomar medidas mucho más contundentes y certeras que las que suelen tomar los propios afectados.


Desde el principio: Qué es la EP

La EP masculina se trata de una disfunción sexual por la cual se producen eyaculaciones muy cortas y en gran parte descontroladas que pueden suceder de manera transitoria en cualquier momento de sus vidas o pueden convertirse en un problema continuado en el tiempo. Este tipo de patología no tiene un patrón de edad, pudiendo afectar tanto a personas adultas como a hombres jóvenes.

Las causas investigadas por la cuáles se puede dar la EP bien pueden estar relacionadas por motivos fisiológicos, como la inflamación de la próstata o problemas neurobiológicos, o bien por trastornos psicológicos tales como el estrés o conductas aprendidas por falta de información sexual.

En ambos casos -fisiológicos o psicológicos- el hombre puede eyacular en diferentes momentos del acto sexual, ya sea antes de la penetración o instantes después de ésta, en un acto imposible de controlar interrumpiendo su propio placer y el de su pareja.


EP y la ley del silencio

Cuando el refrán cita ‘en boca cerrada no entran moscas’ no se refiere a que los hombres no puedan liberar sus propias debilidades. Sin embargo esta propia autocensura -principalmente mental- de no poder hablar abiertamente sobre los problemas sexuales que afectan al género masculino han traído consigo contratiempos, muy delicados, a las mujeres.

Nadie pone barreras enfrente del paciente, sino que es él mismo quien decide no liberar esa parte de sí por sus particulares temores. La inseguridad y el miedo le llevan a cometer el gran error de no ser sinceros ni con ellos mismos ni con su pareja, creando un muro difícil de derribar sólo con el mutismo.

Según estudios realizados en los últimos años, como el de la investigadora de la Universidad de Zurich Andrea Burri, sólo un pequeño porcentaje de hombres que padecen eyaculación precoz han tomado la decisión de acudir a una consulta profesional permitiéndose aceptar su condición. Un grupo de valientes si tenemos en cuenta la ley del silencio que parece imperar en este campo.


La EP y ellas, una relación incómoda

Dado que ellos no están por la labor de hablar claramente sobre su ‘problema’ son ellas quienes suelen tomar cartas en el asunto. Y no es tarea fácil. El apoyo y la comprensión tienen una extensión determinada que no puede ser alargados en el tiempo sino no hay una intención de enmienda.

La calidad de las relaciones sexuales no se puede medir con un reloj, si bien es cierto que es crucial para las mujeres que el acto se alargue lo suficiente como para poder alcanzar el orgasmo. Si esto no sucede, como ocurre en encuentros íntimos donde la EP está presente, ellas puede sentir la misma frustración que el hombre.

En estas situaciones muchas mujeres tienden a culpabilizarse erróneamente por un problema que nada tiene que ver con su modo de actuar en la cama. Sin embargo, internamente les va quedando un residuo de culpa que les acarrea estrés y ansiedad en su vida íntima.

A pesar de que en pleno siglo XXI la liberación de la mujer es un hecho, no existen unas reglas escritas sobre cómo hablar con tu pareja sobre sus problemas sexuales. Si los hombre siguen siendo tan reacios a hablar de sus propias intimidades ¿cómo no les va a costar trabajo hacerlo a ellas?

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